Todavía recuerdo la primera vez que tuve la valentía de acercarme a tu cuello y respirarte de cerca. Tuve para mí ese olor particular, hermoso, fuerte, masculino.Sí, un hombre que olía a hombre. Vaya delicia…Y no era un sabor artificial, no era colonia, ni desodorante ni crema de afeitar. Eras tú.Era cada uno de los poros de tu espalda, eran tus manos, un poco de sudor divino mezclado con el aroma de tu cabello.Hoy, que la distancia nos separa y los días van corriendo sin verte, un recuerdo nasal me lleva directamente hasta tu cuello y me calma mientras te espero.Ojalá pudiera yo también guardar tu esencia en un frasco.
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